La polarización política en un país no es inherentemente buena ni mala; su impacto depende del grado y del contexto. Es decir que si hablamos de puntos positivos, la polarización fomenta el debate y la representación, además de presentar un panorama político dividido puede aumentar la participación política, ya que las personas pueden sentirse más motivadas para participar en elecciones y activismo. Otro punto importante es que puede evitar que un solo partido o grupo domine, asegurando un sistema de controles y balances. Si observamos puntos negativos, la polarización extrema puede generar un bloqueo gubernamental, donde los bandos opuestos se niegan a ceder, obstaculizando la elaboración de políticas y la gobernanza, dando como resultado una sociedad fragmentada .
Para mitigar la polarización, será esencial promover un diálogo constructivo entre los actores políticos, garantizar la transparencia en el proceso electoral y abordar los problemas económicos y sociales que subyacen a las divisiones en la sociedad ecuatoriana. Una polarización moderada puede ser beneficiosa, fomentando el debate y la representación diversa. Sin embargo, cuando la polarización se vuelve extrema, puede generar importantes desafíos sociales y gubernamentales. La clave radica en gestionar la polarización para mantener un equilibrio que apoye la democracia sin causar división o bloqueo.